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jueves, 10 de marzo de 2016

MALACATETICPAC, HOY MILPA ALTA.

Por: Raymundo Flores Melo*

“¿Qué cosa y cosa que en un día se empreña? Es el huso con la mazorca.”[1]  Adivinanza que habla del hilado, de la manera como, en manos de la mujer, empezaba a formarse la madeja que daría lugar, después de su tejido, a varios implementos en el vestir y usar del México en la época prehispánica.

La mujer hilando es símbolo de fertilidad, creación, permanencia y reproducción cultural. Al hacer labores como el escarmenar y sacudir; hilar delgado y parejo, saber hacer buena mazorca[2]; devanar[3] y hacer el ovillo para después realizar la urdimbre[4], ayuda a la pervivencia de su pasado y lo proyecta al presente.

El hilado es una actividad que no puede llevarse a efecto sin un importante implemento: el malacate.

En la región de Milpa Alta se llaman malacate al instrumento circular, semi-cónico con un orificio en el centro, donde se coloca un huso de madera[5]. La mayoría de los malacates son elaborados con barro cocido, aunque también lo hay de barro crudo. Su superficie puede ser lisa, sin embargo, los hay esgrafiados, es decir, con incisiones en forma de líneas, curvas y algunos  otros diseños.

La mayoría de ellos fueron elaborados con moldes y hasta hace algún tiempo, podían encontrarse cerca de la tierra de labranza. Se han hallado numerosos malacates en el paraje de Santa Martha Zolco, lugar donde fue erigida la primera ermita de la región a finales del siglo XVI, así como en  otros lugares de la geografía milpaltense[6].

Estos artefactos se emplean, como se mencionó con antelación, en la labores de hilado. Para ello, se toma un extremo de la varilla – el lado opuesto al contra peso – y se hace girar, mientras la otra mano toma la hebra y la lleva hacia el huso, que al rotar empezará a producir la mazorca.

Hay malacates de varios tamaños, destacando algunos muy pequeños que es probable fueran usados para materiales finos como el algodón, y otros de mayor tamaño para materiales más burdos como las fibras de maguey.

El resultado del tejido son productos locales como las cintas para el pelo, fajas, ceñidores, chincuetes o enredos, así como objetos para el uso del trabajo campesino como los ayates y mecapales.

Así como se hace girar al malacate para dar cuerpo a la mazorca, así nuestro cerro sagrado el Teuhtli, por algunos llamado Malacachtepec, es centro a partir del cual, se asientan los doce pueblos que forman a la comunidad de Milpa Alta.

De esta manera: San Antonio Tecómitl, San Francisco Tecoxpa, San Jerónimo Miacatlán, San Juan Tepenahuac, Santa Ana Tlacotenco, La Asunción Milpa Alta, San Lorenzo Tlacoyucan, San Pedro Atocpan, San Pablo Oztotepec, San Salvador Cuauhtenco y San Bartolomé Xicomulco, además de San Agustín Ohtenco, forman un todo[7]. Un todo, que a la manera de mazorca, cuyos hilos deben ser delgados y parejos, dé forma a un ovillo de calidad que sirva para hacer el entramado de su historia.



*Integrante del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y vecino del barrio de la Concepción.


[1] SAHAGÚN, Bernardino de.  Historia General de las cosas de Nueva España. Madrid, Alianza Editorial, 1988, p. 453
[2] La mazorca era el hilo enredado en el huso.
[3] Enrrollar.
[4] SAHAGÚN, Bernardino de.  op. cit. p. 605
[5] Sin embargo, esta pieza en realidad es un contrapeso que junto con el huso o varilla de madera forma el malacate.
[6] Agradezco a Jorge Fernando Robles Romero, así como al señor Francisco Domínguez Basurto por permitirme ver sus colecciones de malacates.
[7] Sin olvidar San Gregorio Atlapulco, San Luis Tlaxialtemalco, Santiago Tulyehualco (Xochimilco),  y San Juan Ixtayopan (Tláhuac), pueblos con los que compartimos geografía, costumbres y tradiciones.