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domingo, 12 de octubre de 2014

COMENTARIOS A LA HISTORIA “MÍTICA” DE MILPA ALTA.


Por: Raymundo Flores Melo*

Hasta tiempos muy recientes, los investigadores de la historia de Milpa Alta, han repetido hasta la saciedad datos que tienen poco sustento documental, dejando de lado la critica a las fuentes para construir la historia local. Tal parecería que después de repetir cinco, diez o más veces esos relatos se convirtieran en verdad irrefutable. Para muestra basta citar dos nombres, que algunos dicen pertenecieron a gobernantes de Malacateticpac[1], mientras otros afirman que dichos epítetos designan un tipo de cargo: Hueyitlahuilli y Hueyitlahuilanque.

En documentación de primera mano, tanto en el Archivo General de la Nación, así como en los documentos de la propiedad comunal no se encuentran mencionados dichos apelativos, inclusive no es usada la palabra momoxco para referirse a la población que hoy día es Milpa Alta. En tanto, se dejan de lado a los viejos que, según los mismos documentos comunales, ganaron la tierra: Francisco Acaltecatl, Diego Taxayacachicutzi, Lucas Texocpaltecatl, Miguel Guaxochimantzin, Diego Texohuellacatzin, Luis Axaxayacatzin, Francisco Guayxcatecatl, Miguel Yuauyeyecatzin, José Atonaltzinyautepoztecatl[2].

Pero eso sí, gracias a las narraciones sustentadas en una aparente tradición oral, tenemos una escultura de Hueyitlahuilli como parte del Paseo Escultórico en la entrada de San Francisco Tecoxpa y un Centro de Enseñanza y Alto Rendimiento Momoxco  en San Pedro Atocpan, sin olvidar a Hueyitlahuilanque, emblema de  la jefatura delegacional, cuyo origen se remonta a la manufactura de un logotipo para la feria regional en 1939, obra del profesor Fidencio Villanueva Rojas, y que fue oficializado como símbolo de la delegación a principio de la década de los ochenta del siglo pasado[3].

Los datos sobre estos personajes provienen de un pequeño libro que recibe el nombre de la Fundaciones de los Pueblos de Malacachtepec Momoxco[4]. Que si bien tiene hechos concordantes con otras fuentes documentales, no resiste un análisis puntual, pues parece ser un escrito realizado por encargo para enaltecer el origen y sustentar el derecho de propiedad de uno de los pueblos de la demarcación.

Debemos preguntarnos qué sucedió en los años cincuenta del siglo XX que diera como resultado la publicación en 1953 de este libro, además indagar sobre la identidad de la persona o personas que hicieron posible su redacción.

Los errores más notorios son los siguientes: La mención del barrio de Los Ángeles, último de los barrios formados, dándole carácter fundacional, así como la presencia del pueblo de San Agustín Ohtenco[5] que es el pueblo más joven de la región.

Una buena parte de los milpaltenses sabe que hubo cuatro barrios en lo que hoy es la Asunción Milpa Alta, las llamadas cuatro secciones. Santa Marta, San Mateo, La Concepción y Santa Cruz, y que después surgieron San Agustín, La Luz y Los Ángeles. La información anterior está sustentada tanto en el mapa de 1690 como en el de 1870 y en los documentos de la propiedad comunal donde no es mencionado el noveno pueblo comunero, es decir, San Agustín Ohtenco.

Si bien, generaciones pasadas trataron de dar una historia a su tierra, es tiempo que los nuevos milpaltenses hagan una revisión de la misma para corregir aquello falto de verdad y reconocer a esos indios olvidados que ganaron la tierra para los comuneros y comuneras de Milpa Alta.


*Miembro del Consejo de la Crónica de Milpa Alta
 y vecino del barrio de la Concepción.
Octubre de 2014.


[1] Nombre que con algunas variantes aparece en documentos antiguos para designar lo que hoy en día es Milpa Alta.
[2] Son los nombres que aparecen en los Títulos primordiales de Milpa Alta.
[3] VILLANUEVA ROJAS, Fidencio. Aztecacuicame. Cantos Aztecas. México, GDF/PAPO, 2006, pp. 152-153
[4] GODOY RAMÍREZ, A. Fundaciones de los pueblos de Malacachtepec Momoxco. México, Editor Vargas Rea, 1953, 31 pp. Cabe acotar que de este libro se hicieron 75 ejemplares y que uno de ellos fue depositado en librería de la Universidad de Texas.
[5] Ibíd., p.9

miércoles, 23 de julio de 2014

LOS HONGOS DE MILPA ALTA:

SUCULENTO PLATILLO PREHISPÁNICO.

Por: Manuel Garcés Jiménez*

Los pueblos de la Delegación Milpa Alta se encuentran enclavados en las faldas de la serranía del Chichinautzin con una superficie de 27,996.24 hectáreas, de los cuales aproximadamente 7 948 hectáreas pertenecen a pequeñas propiedades de los nueve pueblos que la componen, y 9 996 hectáreas de terrenos cerriles con proporciones laborales como terrenos comunales y al poblado de San Salvador Cuauhtenco, se le dota de 6913 hectáreas[1]

El vasto territorio de flora sorprende a los estudiosos de la botánica por su extensa variedad de plantas medicinales que crecen entre árboles, pastizales y zacatones, lugares idóneos donde brotan una gama de hongos en época de lluvia formando parte de la maravilla naturaleza, por lo que el hombre-campesino desde tiempos mesoamericanos mantiene la experiencia y el conocimiento de generaciones en saber cuáles son los comestibles.

Hace varios años milenios de años, el hongo se entronizó en el paladar de los hombres de diversos regiones del mundo; lo mismo sucedió en estas tierras de la antigua Mesoamérica, y el sureste del Distrito Federal quién no fue la excepción, pues se sigue consumiendo el nanacatl (hongo), platillo ciento por ciento de excelencia de los excelentes paladares.

Precisamente en Villa Milpa Alta, en una de las aceras del mercado "Benito Juárez"  vemos los puestos hoy en día con los hongos silvestres expuestos para su venta.

Las vendedoras de origen campesino están sentadas en cuclillas ofreciendo a las marchantitas su mercancía micológica a ras del suelo, sobre hojas de papel periódico resaltan los distintos colores y tamaños, vemos blancos, amarillo y rojos, negros y cafés.
Platicando con una de ellas, nos dice algunos nombres de hongos que sus ancestros mencionaban en náhuatl y que al paso de los años se han ido perdido. Comenta al respecto: "Al hongo blanco se le llamaba iztlananacame, a los amarillos chimalnanacame, los rojos tlapalnanacame, y los varían entre el rojo y negro se le denomina teyhuint".

Otra vendedora, la señora Aureliana Valencia de San Lorenzo Tlacoyucan, amablemente argumenta que en tiempos normales de lluvias los primeros hongos comestibles en brotar son los denominados hongos de cuaresma, por aparecer en los meses de marzo y abril, que también se les conoce como hongos de calor.

En plena época de lluvias, comentan las señoras Trinidad Quintero y Lucia Flores del poblado de Felipe Neri, Estado de Morelos, que "Los hongos aparecen en grandes cantidades tanto en troncos, pastizales, en tierra firme y abajo de las pencas de los magueyes. Los encontramos de varios tamaños; gigantes y voluminosos, medianos y pequeños con diversos nombres en castellano como clavito, trompa de cochino, escobeta o patita de pájaro, de zacate, yema de huevo, trompetilla, ala de ángel, ocotero, duraznillo, añil, orejita, guajillo, codorniz, mazayales blancos. algunos de estos conservan sus nombres en náhuatl; oconanacatl o también como tripitas o mazorquitas, se reproducen en los árboles de oyamel. El noxtamalayo se caracteriza por su color rojo e impregnados de una sustancia parecida a la miel y casi idénticos a los pancita, y po último los pelencoxtles o yemitas, por su color amarillo huevo".

¿El precio?, no importa lo elevado, lo interesante es saborearlo en esta época, por lo menos una vez al año se disfruta en alguna de sus diversas formas, de preparación en tamales, quesadillas, guisados con carne de puerco o simplemente fritos con un poco de manteca de cerdo acompañada con epazote, de preferencia criollo.

El precio varía, según el tiempo. -¡Lleve sus hongos marchantita! ¡El clavito a 120 pesos el kilo, pancita a 30, el ocotero y catarina a 50, escobeta a 30!. Es el grito que retumba entre el bullicio de las marchantas que se trasladan de un lugar a otro en busca de hongos frescos y al alcance del bolsillo.

Son los campesinos quienes poseen los sabios conocimientos para identificar los hongos comestibles de los venenosos. encontramos algunos raros como los "calaverita", por su forma redonda, resplandeciente blancura y su gran tamaño, parecen diminutos cráneos que brotan en las mañanas a pie de los frondosos magueyales, y dada su escases no están a la venta.

Al respecto, el abuelo, Isidro Garcés, hombre de regia figura, quién se dedicaba de tiempo completo a las actividades del campo trabajando arduamente la parcela ejidal del monte, quién comentaba que en días de verano, por las mañanas, al extraer el aguamiel encontraba abajo de las frondosas pencas de los magueyes los hongos "calaverita", ya que la abuela, Julia González, por la desconfianza de que pudieran ser venenosos hacia caso omiso a la preparación de esos hongos. 

Por eso el abuelo los lavaba con mucho cuidado, los desmenuzaba en hebras, les picaba unos cuantos chiles serranos, rajas de cebollo, aderezaba con epazote y los preparaba con un poco de manteca en una cazuela de barro vidriado, y al vapor sobre los tenamaztles del tlecuil. Minutos después, del recipiente desprendía un vapor oloroso que invitaba a devorar el suculento platillo. Con una cuchara de madera tomaba una porción para depositarlo suavemente sobre la tortilla azul recién salida del comal. Al saborear "el platillo de los dioses prehispánicos", lentamente le brotaban de su canosa cabeza las diminutas gotas de sudor que eran absorbidas por su paliacate rojo, acompañado de un jarro de pulque de cuya espuma algodonada no dejaba de derramarse hasta ser consumido totalmente.

Comentaba el abuelo que en el monte se encontraban algunas especies comestibles no comercializables debido a su escases, como son los hongos denominados "sanjuaneros", haciendo alusión a que éstos brotan a pocas semanas después del día de San Juan Bautista -24 de junio-.

Cabe hacer notar que este alimento singular no fue exclusivo de nuestras culturas mesoamericanas, también los egipcios, babilonios, griegos y romanos lo apetecían para las grandes ocasiones.

En nuestro país, fue el alimento apreciado tanto por los macehuales como por huey tlatoanis, de ahí su nombre; nacatl, que significa "carne", en plural nanacatl, "carnes". En efecto, nacatl hace alusión a su textura, ya que en su mayoría los hongos están carnosos.

Los mexicas clasificaban a los hongos de verano en: Los no alimenticios como citlalnanacame, y micoaninanacatl, a los mortíferos, teyhuintinananacame, a los que no ocasionan la muerte pero si la locura, los xochinanacatl a los que actúan como narcótico y los teonanacatl fueron los el sustento de los dioses por ocasionar borrachera y embeleso.

Actualmente, muchas personas se abstienen en consumirlos por desconfianza. sin embargo, cabe hacer notar al respecto que las vendedoras del mercado de Milpa Alta son especialistas y sabias en la recolección de hongos silvestres, ya que por años a través de sus ancestros han adquirido los secretos diferenciando los hongos comestibles de los venenosos, por lo tanto podemos afirmar que son sabias de la micología. De esto ni dudarlo.

*Presidente del Consejo de la Crónica.


  
 
Fuentes bibliográficas:

Birgitta Leander
Herencia cultural del mundo náhuatl
SepSetentas, México, 1972.

Benítez, Fernando
Los hongos alucinantes
Serie Popular Era, México, 1983.

Gordon Wasson R.
El hongo maravilloso teonanácatl
Fondo de Cultura Económica, México, 1993.

Agradecimientos a las vendedoras de hongos de los poblados de: Tlacotenco, Tlacoyucan y Felipe Neri, Estado de Morelos.

Fotografía: Elías


[1] Resolución del 23 de abril de 1952, publicado en el Diario Oficial de la Federación.

miércoles, 16 de julio de 2014

SITUACIÓN POLÍTICO-SOCIAL EN TORNO A LA RATIFICACIÓN DEL PLAN DE AYALA.


Por: Raymundo Flores Melo.

Después de la proclamación del Plan de San Luis, donde Francisco Ignacio Madero González invitaba a iniciar un levantamiento armado contra el viejo dictador Porfirio Díaz Mori, el domingo 20 de noviembre de 1910 a las seis de la tarde[1], y su consecuente fracaso en las zonas urbanas, donde el maderismo tenía el grueso de simpatizantes, fueron los habitantes de las regiones campesinas, aquellas a las que habían llegado de manera indirecta la proclama de Madero, las que hicieron eco al hacendado coahuilense. 

El punto que habla sobre la restitución de la tierra a sus antiguos propietarios, hizo que los campesinos de origen indígena, que habían sido despojados por las haciendas, sobre todo en el estado de Morelos, se sumaran a la lucha y, con ellos, algunas de sus autoridades tradicionales:

Abusando de la ley de terrenos baldíos, numerosos pequeños propietarios, en su mayoría indígenas, han sido despojados de sus terrenos, ya por acuerdos de la Secretaría de Fomento, o por fallos de los tribunales de la república.

Siendo de toda justicia restituir a sus antiguos poseedores los terrenos de que se les despojó de un modo tan arbitrario, se declaran sujetos a revisión tales disposiciones y fallos y se exigirá a los que los adquirieron de un modo tan inmoral, o a sus herederos, que los restituyan a sus primitivos propietarios, a quienes pagarán también una indemnización por los perjuicios sufridos[2].

Al triunfo de la revolución maderista aquella demanda plasmada en el Plan de San Luis queda postergada, en primer lugar porque Madero no estaba a favor de un reparto agrario y, en segundo lugar, debido a la firma Tratado de Ciudad Juárez con los porfiristas, en cuyo contenido se incluía el acuerdo  de que la propiedad de la tierra quedará igual que al inicio del conflicto armado[3].

Lo anterior produjo un distanciamiento entre Madero y Zapata, desencuentro que trató de remediarse prometiendo elecciones libres en el Estado de Morelos, sin embargo, la actuación del León de la Barra, presidente interino, mandando a Victoriano Huerta a controlar militarmente la región, hizo que el posible acuerdo fracasara.

Una vez en la presidencia, Madero no cumple con lo prometido ni le importa negociar con el zapatismo, así el  28 de noviembre 1911 es firmado el Plan de Ayala en un  pequeño poblado del Estado de Puebla, llamado Ayoxustla. En este documento se desconoce a Madero como jefe de la revolución y como  presidente de la república[4], reconociéndose jefe de la misma al general Pascual Orozco[5].

En los artículos 6° y 7° del Plan de Ayala se enuncian las principales demandas de los campesinos zapatistas:

que los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados científicos o caciques a la sombra de la tiranía y de la justicia penal entrarán en posesión de estos bienes inmuebles desde luego los pueblos o ciudadanos que tengan sus títulos correspondientes de esas propiedades, de las cuales han sido despojados, por la mala fe de nuestros opresores, manteniendo a todo trance con las armas en la mano la mencionada posesión, y los usurpadores que se consideren con derecho a ellos, lo deducirán ante tribunales especiales que se establezcan al triunfo de la Revolución”.

Agregando más adelante que:

se expropiarán previa indemnización de la tercera parte de esos monopolios a los poderosos propietarios de ellos, a fin de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos o campos de sembradura o de labor, y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos”.

Es decir, el zapatismo buscaba la restitución de la tierra y la expropiación de latifundios para realizar un reparto agrario que resolviera la mala situación del campesino mexicano ante la falta de tierra.

Gracias a la libertad de prensa, instaurada por Madero, el Plan de Ayala es impreso en el Diario del Hogar de Filomeno Mata, publicación varias veces suprimida durante el porfiriato[6].

Tres años después, en julio de 1914, en un ambiente no muy propicio para el zapatismo, se realiza la ratificación del anterior plan en el poblado de San Pablo Oztotepec. El ejército libertador del Sur está en la ante sala de la capital, misma que tomarán, junto con las fuerzas villista en diciembre del mismo año.

En el contenido del referido documento, destaca el convertir los principios agrarios del Plan de Ayala en preceptos constitucionales, así como que Emiliano Zapata se convierta en el  jefe de la revolución:

La Revolución ratifica todos y cada uno de los principios consignados en el Plan de Ayala y declara solemnemente que no cesará en sus esfuerzos sino hasta conseguir que aquellos, EN LA PARTE RELATIVA A LA CUESTIÓN AGRARIA, QUEDEN ELEVADOS AL RANGO DE PRECEPTOS CONSTITUCIONALES[7].

Los habitantes de San Pablo Oztotepec, así como los demás pueblos de Milpa Alta, al identificarse con los ideales de Zapata, sufrieron en carne propia el costo de su simpatía: el pueblo fue quemado dos veces, las personas eran fusiladas y su ropa quemada: “los señores no tenían que ponerse, ni camiseta, ni calzón, sólo se ponían un gabancito encima y su sombrero[8]

Los pobladores de Oztotepec se dispersaron de manera temporal por el monte y otros lugares[9] con mayor estabilidad. Algunos buscaron refugio en cuevas y en el paraje denominado Zoquiac[10] dentro de la propiedad comunal de milpaltense.

El Cuartel Zapatista, otrora propiedad de Brigido Molina, fue quemado y destruido[11]. El inmueble había sido utilizado durante la etapa armada en la región como “dormitorios, caballerizas, pagaduría, almacenamiento de víveres y como ‘encuartelamiento’[12], así mismo, un lugar cercano, la capilla de Chalmita, fue usado para vigilar debido a su altura y su atrio “fue el lugar donde se reunieron para ratificar el Plan de Ayala[13].

En tanto, los habitantes de la ciudad de México veían a los revolucionarios, de Tierra Caliente y de las cercanías,  como los periódicos y los rumores los describían:

Largo tiempo se había tomado la prensa y la voz pública, desde los tiempos de Madero, en propalar la leyenda negra del zapatismo: voladuras de trenes de pasajeros, seguidas de matanzas sin nombre; destrucción e incendio de pacíficos poblados y desguarnecidas haciendas; asolamiento de sembradíos; violaciones de doncellas, de niñas y hasta de ancianas; y crueles torturas a las que sujetaban a cuantos caían en su poder durante sus delirios de desenfreno y sadismo. Ya se contaba que a las mujeres les arrancaban los senos y las despanzurraban a machetazos; ya que a los hombres los castraban, los desnarizaban, los desorejaba y les cortaban las plantas de los pies para hacerles caminar sobre piedrecillas y arena[14].

Sin embargo, cuando los seguidores del Atila del Sur llegaron a la ciudad, los habitantes de la gran urbe descubrieron la realidad de la gente campesina que había tomado las armas:

De desilusionados (dice Bustillo Oro), pronto pasamos a conmovidos. A la vista estaba lo que eran en verdad: pedazos de un pueblo destrozado, por siglos esclavo, consumidos por hambre secular, desnutridos en actualidad y por herencias acumuladas de generación en generación, de amo en amo[15].

Esos eran los zapatistas; gente pobre en busca de justicia, el pueblo que reclamaba lo despojado, campesinos indios en pos de una vida mejor que no serían escuchados en su presente.

Julio de 2014.


[1] Punto séptimo del Plan de San Luis.
[2] Parte del punto tercero del Plan antes menionado.
[3] KATZ, Friedrich y Claudio Lomnitz. El Porfiriato y la Revolución en la Historia de México. México, 2010, Era, p. 73-74
[4] Art. 2° del Plan de Ayala.
[5] Art. 3° del Plan de Ayala.
[6] KATZ, Friedrich y Claudio Lomnitz. Op. cit., pp. 84-85
[7] Declaración PRIMERA de la Ratificación del Plan de Ayala.
[8] Cañedo L. Noelia y Rodrigo García F. (coords.) Xulaltequetl. Memorias de Vida, San Pablo Oztotepec. México, Casa de la Cultura Ixayopa, 2006, p. 31
[9] Ibíd. p. 27 Se menciona Tlanepantla, Xochimilco, San Gregorio, Santa Cecilia y la ciudad de México.
[10] LOZA JURADO; Juan Carlos (coord.) ¡Viva Milpa Alta! Relatos de la Revolución. México, GDF-SEDEREC-Atoltecayotl-Bi100, 2009, pp. 44-45
[11] Cañedo L. Noelia y Rodrigo García F. Op. cit., p. 26
[12] LOZA JURADO; Juan Carlos (coord.) Op. cit., p, 24
[13] Ibíd., p. 24
[14] BUSTILLO ORO, Juan. México de mi infancia. México, Secretaría de Cultura del GDF, 2009, p. 84
[15] Ibíd. p.  94