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domingo, 24 de marzo de 2013

SEMANA SANTA EN MILPA ALTA.


Por: Raymundo Flores Melo*

Hace algunos años salió a la luz información que  permitió  saber cuándo empezó a representarse la Semana Santa en Milpa Alta, de cómo en 1899, finalizando el siglo XIX, los señores Juan Lara y Reyes Taboada dieron inicio a la tradición y del nombre de sus continuadores, entre los que destaca  Alberto Fuentes Cruz, quien desde 1931 fue el encargado – por largo tiempo - de su dirección, y de las personas que le siguieron en  la labor: Facundo Laguna (don Concho), Arturo Gómez, Sergio Meza, Cruz Abad y Mario Galicia[1], hasta llegar a la actualidad con  Miguel Agustín Jiménez Medina.

Empero su celebración en la región bien puede ser posterior y remontarse a la época virreinal, pues en un mapa de la propiedad comunal (1690)[2] se encuentra, en lo que espacialmente sería la iglesia de “La Lupita”, el dibujo o pintura de una crucifixión.

Sin duda esta representación de la semana mayor, que mezcla a Santos y personas, se ha vuelto entrañable para una buena parte de los milpaltenses que practican el catolicismo.

Desde el domingo de Ramos comienza la celebración. Teniendo como fondo música de banda de viento, Jesús, en su advocación de “Jerusalén”, vestido de blanco con túnica roja y montado en un burro, es bajado en hombros por sus apóstoles a la iglesia “grande” de Milpa Alta - la Asunción de María - donde el cura, después de la misa, bendice las palmas adornadas con flores  que los feligreses llevan al templo en recuerdo del episodio neo-testamentario de la entrada de Jesús a Jerusalén. La imagen de Jesús coronada de un resplandor dorado y en posición de bendecir, es paseada por algunas de las calles principales del pueblo, cuyas esquinas son adornadas con palmas y papel crepe rojo y blanco en forma de flores o moños.

La siguiente parte de la representación es la del jueves santo. Da inicio en la iglesia de la Asunción con la “última cena” y el posterior lavatorio de pies a las personas que representan a los apóstoles por parte del sacerdote. Ritual que nos hace tener presente el trato que Jesús dispensaba a las personas y que, sin querer, trae a la memoria uno de los relatos del maestro Xochime, en el que el cura del pueblo, para enderezar el camino de unos borrachos, hace que estas personas participen en la representación como apóstoles, con el consiguiente episodio bochornoso, en el que uno de ellos llega en estado etílico y al dormirse ocasiona algunos desmanes[3].

Este día dentro de la iglesia se puede percibir el olor a manzanilla, mezclado con el de las naranjas que adornan el templo. A los asistentes que dejan su limosna se les regala manojos de manzanilla y pequeños panes mandados a hacer para la ocasión, también se prepara agua de chía.

Después de este rito, el “divino maestro” es suplido por la imagen del “divino salvador”, aquella representación de tamaño real que impresiona por su mirada baja y el dolor reflejado en el rostro, cuyo cuerpo, de pies a cabeza, esta cubierto de llagas y heridas. Los apóstoles transportan la imagen, vestida de blanco y con una banda blanca en el pelo, a la iglesia del barrio donde se efectuará el “prendimiento”. Hasta este “huerto de los olivos” llega Judas con los soldados romanos a tomarle preso y maltratarle. Es cuando “Malco” lo abofetea y su mano ennegrece.

A partir de aquí y a los largo del siguiente día se dejará escuchar la música característica de chirimía y tambor, misma que acompañará los pasos siguientes de la representación y a los actores por las calles principales y barrios de Milpa Alta.

Jesús es llevado ante los sumos sacerdotes judíos y después encerrado. La cárcel, decorada con ramos de manzanilla y guías de naranjas, se instala en la iglesia principal, allí el “divino salvador” es resguardado por la soldadesca hasta el día viernes, cuando es llevado ante las autoridades romanas y judías. Va de un lugar a otro para ser juzgado y sentenciado a muerte por el procurador de Roma. Es lo que se llama la “visita de las siete casas”. La gente del pueblo va siguiendo, de lugar en lugar, del primer cuadro, cada uno de los episodios.

Luego de la condena vienen los momentos más dramáticos del evento: su comparecencia ante Poncio Pilatos, la flagelación en la iglesia de “La Lupita” ; la colocación de la cruz para que el “divino salvador” la lleve a cuestas; el encuentro de Jesús con su madre, María Magdalena y su discípulo Juan que se realiza tradicionalmente en la parroquia de Santa Marta, y, claro, cuando “la Verónica” le limpia el rostro y este queda estampado en el lienzo, y de allí, el paso a la iglesia “grande”. A partir de este momento, las tres imágenes de la virgen y los dos santos mencionadas se  colocan tras Jesús y lo siguen en su camino al Gólgota junto a los cientos de milpalteses asistentes.

El momento culminante es la crucifixión en la Asunción que también es el Monte Calvario. En esta etapa de la escenificación “el divino Salvador” es sustituido por el Cristo del “santo entierro”, imagen que también sirve para esta etapa debido a las articulaciones de sus brazos ya que cuenta con un mecanismo que hace manar “sangre” a la hora que uno de los soldados lancea uno de sus costados. Jesús crucificado yace entre los ladrones Dimas y Gestas. A un lado ya esta preparada con antelación el féretro de cristal que será llevado en andas a lo largo de “la procesión del silencio” cubierto con un lienzo negro. El tañer de las campanas es suplido por el de las matracas en las ceremonias religiosas.

Por la tarde el Cristo es bajado de la cruz y colocado en su caja mortuoria. La cruz, adornada con una  tela blanca es adorada por los asistentes. El Cristo es velado y luego transportado en hombros y antorchas a la iglesia del barrio de la Luz. En ese lugar, entre cantos y plegarias, se pasa todo el sábado de gloria. Se oye a lo lejos – debido al lugar donde se localiza la iglesia - el lamento de los apóstoles y de los creyentes que los acompañan.

Perdón, oh Dios mío,
perdón e indulgencia,
perdón y clemencia,
perdón y piedad…

Es digno de mención que en ese barrio, los vecino encargados de la iglesia, brindan a todos los asistentes café negro y cocoles, tal y como se hace en un velorio milpaltense tradicional.

El domingo por la mañana, entre el repique de campanas, cuetes y música de banda Jesús es bajado, todo vestido de blanco: el “divino maestro” ha resucitado de entre los muertos. Ha triunfado ante la muerte y regresa glorioso de los infiernos.

Cabe señalar que antes, es decir, unos cincuenta años atrás, las personas de Milpa Alta guardaban un mayor respeto en torno a estas festividades, pues no se escuchaba música durante estos días y el silencio era roto por el ruido de la matraca; los santos de los altares particulares eran tapados con paños como en la actualidad se sigue haciendo en la iglesia de la Asunción. El domingo de resurrección, por la tarde, dan inicio los Huehuenches.

*Integrante del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y vecino del barrio de la Concepción.


[1] FUENTES, Miguel Agustín. “La Semana Santa en Milpa Alta, CX años de tradición y misticismo” en la Revista Nosotros, Número 119, del mes de octubre de 2008, 33-38 pp.
[2] Lo mismo puede verse en el mapa expedido el año de 1870 por el Archivo General y Público de la Nación a petición del pueblo de San Pablo Oztotepec y que es copia del antes mencionado.
[3] FLORES ARCE, José Concepción. Quetzaltlahtolli, palabra náhuatl contemporánea. México, GDF-PAPO, 2005, pp. 139 - 153.