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viernes, 27 de julio de 2012

TRES LINDEROS: MEXCALCO, TEUHTLI Y YETECO.



Por: Raymundo Flores Melo*

Mexcalcoitzcoatl[1] es uno de los linderos de la propiedad comunal de Milpa Alta, para ser más exactos es el paraje previo al volcán Teuhtli, en él encontramos una cueva que en la actualidad puede ser recorrida en su primera parte sin mucho esfuerzo ni implementos sofisticados, baste una potente linterna y tener cuidado con el irregular camino cubierto de rocas. Después de unos trescientos metros el acceso se estrecha y da paso a por lo menos tres conductos que solo pueden ser recorridos a rastras[2]. La fauna presente son pequeños murciélagos y algunas arañas.

Debido a las características señaladas, la cueva de Mexcalco es visitada de manera cotidiana por muchas personas, hecho que se ha traducido en la gran cantidad de basura y los numerosos graffitis que presentan sus paredes. Grupos de amigos, familias y parejas acuden todos los días con el fin de conocer, divertirse y hacer un poco de ejercicio.

Según dicen algunos milpaltenses estas cuevas son tan largas que llegan hasta el Iztaccihuatl, el Tepozteco y, uno de sus ramales, a los pies de la virgen en la Parroquia de la Asunción.

Pero esta creencia no es nueva, pues si volvemos la mirada al pasado, al año de 1874,  haciendo relación de lo leído de la pluma de don Antonio García Cubas[3] sobre el Teuhtli y sus cuevas, de la manera en que transcribe, sin querer comprometerse a darla por buena, una información hallada en un viejo cuadernillo -atribuido a Francisco Ramírez Castañeda- en el que se menciona una poco probable comunicación entre las grutas de Cacahuamilpa y la caverna de Mexcalco, encontramos una descripción, en apariencia, vivida y detallada del accidente geográfico que es la siguiente:

La entrada de la cueva es estrecha al principio, y a las tres o cuatro leguas de camino subterráneo, va extendiéndose progresivamente y presentando a la vista todas las creaciones de una bella gruta, con cristalizaciones, estalactitas y estalagmitas formadas por el tiempo. De trecho en trecho se presentan diversas cuevas o senderos más o menos prolongados; pero hay una vía regularmente cómoda, por donde puede practicarse una exploración, la que se comunica con la gruta de Cacahuamilpa, a más de veinticinco leguas de distancia[4].

Agregando más adelante que:
Pocas personas se han atrevido a penetrar bastante en la cueva, y sólo una vez que se introdujo por allí una manada de carneros, varias personas penetraron en ella con objeto de sacarlos de allí; lo que no consiguieron, pues las ovejas se internaron mucho en ella, y los que iban en su seguimiento, después de dos días de camino, se volvieron, ya sea por temor o por falta de alimento y de luces”.

No sin antes decirnos que varias familias, “la mayor parte acomodadas, ocultaron sus tesoros en Mexcalco, cueva que se halla junto al Teutli, y cuya caverna es una de las más raras curiosidades de la naturaleza”.

Narraciones como la recogida por don Antonio García Cubas aún pueden oírse de los labios de algunos milpaltenses. Todavía en la década de los cuarenta los jóvenes que acudían a esta cueva y se atrevían a penetrar en ella, pudieron darse cuenta del goteo presente y de la humedad interior por el lodo en sus zapatos y ropa a la hora de salir a la luz del sol[5].

De esta manera regresamos de nueva cuenta a la zona cercana al Teuhtli, a sus caminos, a hablar de aquellas personas que hace más de cincuenta años, una buena parte de los milpaltenses, consideraban “locas” por ir a vivir tan lejos del centro del pueblo, por habitar entre milpas y magueyes. A revivir el paisaje de antaño donde había abundancia de palo dulce, árboles de diverso tipo y de canarios silvestres, donde todavía se le daba importancia al trabajo campesino en la milpa y la producción del pulque.

El señor Raúl Valverde nos recuerda los tiempos que se fueron, del trabajo que le costó, junto a otros vecinos, la construcción de uno de los primeros caminos que permitirían sacar la producción – todavía incipiente - de nopal,  de aquel que hace que se prolongue al norte la Avenida Tlaxcala. Hombre de noventa y cuatro años[6], con amplia experiencia en la apicultura y en el trabajo por el beneficio de su comunidad empieza a contar sobre la zona donde le gusta pasar su vida: el Teuhtli.

Para él, el volcán, es el Teuctzin, el señor; el que cuida a los milpaltenses, es el sitio donde de chamaco con sus amigos jugaba a deslizarse con una penca de maguey sobre el arenal. A pregunta expresa, da cuenta de una leyenda sobre el cerro y dice, con cierto dejo de malicia, que el Teuhtli era uno de los galanes de Iztaccihuatl e iba a visitarla por el túnel cuando el Popocatepetl dormía y se pasaba platicando toda la noche con ella. Que el camino que usaba para llegar y platicar con su adorada era la cueva que va desde el Teuhtli hasta cerca del Popocatepetl. Por esta audaz acción, nos comenta, el Popocatepetl sigue enojado, echando humo, agregando además que el “correveidile” del Teuctzin era el Yeteco.

El señor Valverde también nos cuenta que la cueva de Mexcalco era usada por “Pilongano”, un roba-vacas de Tulyehualco, para esconder el ganado hurtado, ya que en ella cabían más de veinte reses.

Habla poco del paraje conocido como Santa Marta Zolco, del porqué no siguió la ermita en el lugar original y fue trasladada donde ahora se encuentra. Dice que la cambiaron por que, cada vez que hacían misa, el cerro les respondía y eso no gustó a los religiosos.

Ya que volvemos sobre las historias alrededor del Teuhtli, justo es mencionar las encontradas en una recopilación de cuentos, narrados en náhuatl y español por niños de Santa Ana Tlacotenco[7].
En este libro se encuentran dos relatos en torno al Teuhtli que hablan de la pugna entre dos señores, entre dos príncipes, por un lado Chichinahutzin y por el otro Teuhtli, ambos enamorados de Iztaccihuatl. En los dos textos hallamos a un Teuhtli vengativo, que aprovechando la estancia de Chichinautzin junto a Iztaccihuatl, va y quema la casa de su rival de amores.

Chichinautzin - en la primera narración - ante la ofensa, corre tras él y lo atrapa con su brazo izquierdo, al mismo tiempo que lo hunde, razón por la cual, Teuhtli se encuentra en la actualidad a menor altitud que Chichinautzin. En la segunda, la respuesta de Chichinautzin es apedrear la casa de Teuhtli, suceso que hace que, hasta hoy día, el Teuhtli y sus alrededores se encuentren llenos de rocas.

Otros cuentos más, recogidos de los labios vecinos de los barrios de San Mateo y Santa Marta, nos dicen que Teuhtli o Teuctzin era un noble señor que gobernaba con acierto y sabiduría a su pueblo pero que se enamoró de la doncella Iztaccihuatl, quien estaba prendada del capitán del ejército del señorío, llamado Popocatepetl.

El señor Teuhtli mandaba al joven guerrero a batallas, de las que siempre regresó victorioso, con el fin de que muriera, pero como este suceso no llegaba, decidió asesinarlo con una flecha envenenada. Cuando iba a realizar su venganza, Iztaccihuatl se interpuso en la trayectoria de la flecha y quedo muerta. Esto llenó de rabia a Popocatepetl quien, en fiera pelea, mato a Teuhtli. Luego tomó a su amada y la recostó en un lugar del bosque, quedándose él a su lado hasta que el tiempo los cubrió con su manto[8].

La otra historia tiene como protagonistas a Teuhtli y al Tepozteco. Resulta que Teuhtli era un peón que iba diario a trabajar la tierra a lo que hoy es el estado de Morelos. Como Teuhtli quería mejorar su tierra y hacerla productiva, en cada uno de sus viajes traía consigo tierra y agua, cuidándose que no lo descubrieran.

Un día lo vio uno de sus compañeros  - el Tepozteco -, quien lo siguió y soltó una serpiente para que lo matara. Teuhtli luchó por su vida, venció al animal y arrojó, con toda su fuerza, al Tepozteco hasta lo que hoy día es Tepoztlan;  pero al mismo tiempo se dio cuenta de la envidia que existía por el agua, así que decidió quedarse cuidando a su pueblo. Los pedazos de la serpiente son los cerros que rodean al volcán en la actualidad[9], en tanto que la cabeza de dicho animal correspondería a Xaltepec o la mina.

Sobre el volcán Teuhti se dicen muchas cosas, una más de ellas nos las proporcionó el señor Félix Nápoles Martínez, de ochenta y dos años, oriundo del barrio de Santa Marta en Villa Milpa Alta. Recuerda que cuando el era niño, de unos seis u ocho años, escuchó de los mayores una leyenda sobre el Teuhtli. En ella se expresa la creencia de que si una persona vieja subía y se dejaba rodar por las laderas del Teuhtli, cuando llegaban al pie del cerro rejuvenecía, después de lo cual tenían que dar gracias a Dios[10].

Una vez oído lo anterior, la memoria no tarda en relacionarle con un suceso recogido por el fraile dominico Diego Durán, en el siglo XVI, cuando escribe sobre un viaje realizado por sacerdotes indígenas al mítico Aztlan, mandados por Moctezuma Ilhuicamina. Los enviados se admiran de que la gente del lugar no envejece y se dan cuenta, por medio del ayo de la diosa Coatlicue,  de que al subir y bajar del cerro, las personas viejas rejuvenecían.

este cerro tiene esta virtud: que el que, ya viejo, se quiere remozar, sube hasta donde le parece, y vuelve de la edad que quiere. Si quiere volver muchacho, sube hasta arriba, y si quiere volver mancebo, sube hasta un poco más arriba de la mitad, y si de buena edad, hasta la mitad…[11]

De la misma manera, el ascender y descender en el Teuhtli marca una especie de continuo eterno, una metáfora del ciclo de vida de los seres humanos que forma parte de la cosmovisión prehispánica, del constante remozamiento de los hombres.

Al preguntarle sobre la zona entre el Teuhtli y Yeteco, que algunos conocen como los “cornejales”, nos revela que el nombre de ese lugar, es Yetecontitla[12].

Que decir del Yeteco, de su nombre puede haber varias traducciones que de una u otra manera pueden ser aceptadas. Sin embargo, después de buscar en varios diccionarios es posible que la más acertada sea la que hace tiempo nos proporcionó el profesor Artemio Solís Guzmán, misma que, posteriormente, fue ratificada al encontrar algo similar en el diccionario de Rémi Simeón. Esta variante saldría de Yetl que es una planta medicinal, algo parecida al tabaco, significado que se acerca a lo que quiere decir Pisiete o piciete, que es el nombre que se le da al Yeteco en los papeles de la propiedad comunal de Milpa Alta. La traducción de tal término, según el trabajo realizado por Sergio Sevilla Peña y por la razón anotada arriba es “vasija de tabaco” o “calabaza contenedora de tabaco”.

También sobre el Yeteco hay narraciones que lo hacen hijo de Teuhtli e Iztaccihuatl. Una de ellas dice que Teuhtli era un viejo guerrero que salió raspar con su hijo Yeteco. La labor con los magueyes hizo que no se diera cuenta que una serpiente iba a morder al pequeño. Sin embargo, un presentimiento, hizo que Iztaccihuatl fuera a donde estaban su esposo e hijo. Se acercó para impedir la mordedura, pero al sentir  su presencia la serpiente se le abalanzó; la mujer se espanto y corrió, cayó y se golpeó en la cabeza. Cerca, testigo del acontecimiento aciago, Popocatepetl – su eterno enamorado-, mata a la serpiente y al ver que Iztaccihuatl no despierta, la toma y la pone en lo más alto y se postra a sus pies[13].

Así hablando del hijito del Teuhtli e Iztaccihuatl, del abrupto y cavernoso Yeteco y del quemado Chichinautzin, regresamos a nuestro pueblo llamado la Asunción Milpa Alta.

*Integrante del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y vecino del barrio de la Concepción.


[1] Para la palabra Mexcalco se tienen dos posibles traducciones: a) casa o contendedor de nubes y b) lugar de magueyes. Para Itzcoatl, sería serpiente de obsidiana, deidad ligada a la fertilidad. En el análisis de estás palabras en lengua náhuatl, quiero agradecer el apoyo del etnohistoriador y cronista Sergio Sevilla Peña por el auxilio prestado.
[2] Un agradecimiento al profesor Artemio Solís Guzmán por habernos llevado al recorrido por dicha cueva el 3 de agosto de 2008.
[3] GARCÍA CUBAS, Antonio. Escritos diversos de 1870 a 1874. “Una excursión a la Caverna de Cacahuamilpa”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (www.cervantesvtual.com).
[4] Ibíd. p. 160
[5] Plática con un vecino del barrio de Santa Cruz, Milpa Alta, del 24 de agosto de 2008.
[6] La plática se realizó el día 7 de julio de 2008. El señor Raúl Valverde murió en el mes de noviembre del mismo año.
[7] OCHOA CABRERA, José Antonio, et al. Nich mononuchelli no cultzi. Me lo contó mi abuelo. Tradición oral infantil de los nahuas de Santa Ana Tlacotenco y San Juan Tepenahuac, Milpa Alta, D.F. México, 1996, El Angelito, pp. 46 y 47
[8] TORRES PUEBLA, Alejandro. et al. Frente al Tlecuil. Relatos tradicionales de Milpa Alta. México, GDF/PAPO, 2004, pp. 46 y 47
[9] Ibíd. p. 43 El papel como vigilante de Milpa Alta que tiene el Teuhtli también es resaltado en la entrevista del señor Raúl Valverde.
[10] Entrevista con el señor Felix Nápoles Martínez del día 7 de agosto de 2008.
[11] DURAN, Diego. Historia de las Indias de la Nueva España e Islas de Tierra Firme. México, Porrúa, 1984, p. 222
[12] Yetecontitla, puede ser traducido como el lugar donde abundan los recipientes de tabaco.
[13] TORRES PUEBLA, Alejandro. et al. Frente al Tlecuil… Op cit., pp. 44 y 45

sábado, 14 de julio de 2012

EL PERRO EN MILPA ALTA. UNA PEQUEÑA ANTOLOGÍA.


Por: Raymundo Flores Melo*

¿Cómo eran los perros en Milpa Alta hace  setenta años? Sin duda, diferentes a como los vemos ahora por las calles. La presencia de perro de “raza” era escaza y por tanto, los canes de la región eran de los que malamente se ha denominado como criollos, cuando la verdad presentaban el tipo de los perros comunes mesoamericanos, tamaño mediano, pelo corto, en algunos casos orejas erguidas, colores variados predominando, quizá, los de pelaje amarillo y oscuro.

Los perros han sido los compañeros de los milpaltenses en sus labores cotidianas, los acompañaban a la milpa, a raspar los magueyes para sacar el agua miel, a pastar con los borregos, a la cacería, a la búsqueda de hongos en el monte, en la elaboración de carbón o la recolección de zacate. 

Por su cercanía con el hombre,  han sido objeto de varias narraciones. El perro se ha tornado nahual o de repente ha adquirido el habla con el objetivo de brindar un ejemplo moralizador al hombre pero también lo encontramos dentro de algunas creencias arraigadas, aún hoy día, en el pensamiento de algunos habitantes de la región.

En las obras de Juan Crisóstomo Medina Villanueva, José Concepción Flores Arce, Librado Silva Galeana y Doña Luz Jiménez, así como de algunos niños de Santa Ana Tlacotenco, tenemos la figura del perro y su relación con la gente de Milpa Alta y sus pueblos.

Empecemos con:

 El perro-nahual. Varios cuentos, como aquellos que siendo niños tuvimos oportunidad de escuchar de labios de los mayores alrededor de la mesa – sustituto del viejo  y cálido tlecuil - a la hora de la cena, en la que el encuentro, en la oscuridad de la noche, con un gran perro negro servía de inicio de una aventura que incitaba temor pero también ganas de escuchar más sobre este tipo de sucesos, entremezclándose con los de muertos, brujas y aparecidos. 

Uno de esos relatos lleva por título “Los nahuales”:

Hace ya muchos años, en el pueblo de Santa Ana, en una noche oscura, un señor regresaba del campo pero no caminaba por la vereda, sino a un lado; como ya era muy noche, podían asaltarlo y golpearlo. De pronto oyó llorar a uno perros, pero uno de ellos sobresalía por ser más grande y más fuerte, parecía el líder. Caminó a la par de ellos sin que lo vieran, y al llegar a un arenal, comenzaron a revolcarse. Cuál no sería la sorpresa del señor al ver que el más grande se convertía en persona y daba instrucciones de ir a robar, pero ahora convertidos en burros. Se fueron y el señor no supo más sino cuando oyó en el pueblo el rumor de unas personas que habían sido acribilladas al tratar de robar maíz en el pueblo de San Juan. Entonces el señor se dio cuenta que eran los mismo nahuales que se habían revolcado en el arenal[1].

La arena o la ceniza son los elementos que permiten, al revolcarse en ellos, la transformación del nahual en perro, en burro, en piedra, etcétera. Si bien estos cuentos ya no se hacen al rededor del tlecuil, calentándose con el fuego en una noche fría, disfrutando un café, aún siguen entreteniendo a quien tiene la suerte de escucharlos de la boca de la gente grande, sobre todo cuando falta la corriente eléctrica.

El perro como ejemplo moralizante. En este apartado llega a la memoria el profesor Juan Crisóstomo Medina Villanueva, del barrio de San Mateo. Con “El perro anciano” o “Chichihuehue”,  cuento de tradición mesoamericana que transmite, a partir de un ejemplo, el deber de los demás hacia los ancianos, a parte de despertar sentimientos de piedad a los lectores:

-¿Perro anciano, por qué estas tan triste? Se le oprime a uno el corazón con tu llanto. Y el perro anciano respondió: -“El tiempo se me vino encima. Cuando era pequeño, los hijos de mi amo me cargaban, me abrazaban, conmigo jugaban y me besaban. Cuando crecí, me iba al campo con mi amo, cazaba conejos, ardillas, espantaba a las comadrejas, tuzas y serpientes, aquí en la casa yo cuidaba.

Y ahora que ya he envejecido, cuando ya no veo, ya casi no oigo y mis patas ya no me ayudan. Y ahora cuando mis dientes se han caído y ya no puedo ser rápido…” Llenándosele los ojos de lágrimas dijo: ¡Mi amo, ya no me quiere! Dice que apesto, me corre de la casa y me saca hasta la puerta. Ya no me regala mi tortilla. Cuando me da puntapiés, no me duele su pié al golpearme, más me duele lo que mal enseña a sus hijos, pues así le harán a él cuando envejezca. Y volvió a llorar de tristeza[2].

Si bien el cuento acaba con una argucia y el perro anciano, gracias a ella, puede volver a gozar de los cuidados y el cariño del amo, el mensaje es claro: no hagas a los demás, lo que no quieras que te hagan.

El perro y su relación con la muerte. Aquí, sin duda, un texto fundamental es el que doña Luz Jiménez narró a Fernando Horcasitas en “Los cuentos nahuas de Luz Jiménez”. Cabe mencionar, antes de citar lo dicho por la señora Julia, que el parecido de contenido con el que fray Bernardino de Sahagún recogió en el siglo XVI, es notable, únicamente varía en lo tocante al color de los canes. 

La creencia de que los perros ayudan a los hombres a pasar un ancho río después de la muerte todavía esta arraigada no sólo en Milpa Alta, también en lugares cercanos como Xochimilco y Mixquic, creencia que explica él porque las persona de la región tienen perros en su casa y estos  son muy apreciados por los pueblos originarios.

Cuentan que cuando alguien muere nos pasan los perritos por donde vamos. Dizque pasamos un río. Los perritos si los quisimos aquí en la tierra, nos pasarán, y, si no los quisimos, nos tratan mal. Si es perro blanco se hace mucho del rogar para hacernos pasar. Si es negro el perro, o amarillo, nos va a encontrar. Y dice: ‘Siéntese sobre mí. Lo haré pasar este río ancho’[3].

El perro y lo sobrenatural: Una de las creencias dice que los perros pueden ver a los muertos que y por eso aúllan de una manera especial y que, si una persona quiere hacerlo, basta con ponerse las chinguiñas de estos animales. Pero no sólo eso, además que si uno se cree portador del llamado “aire”, con tocar al perro antes de entrar a la casa, ese mal se quedará en el animal sin dañar a los otros habitantes de la misma. Esto nos lo cuenta el nahuatlato Librado Silva Galeana del poblado de Santa Ana Tlacotenco:

El perro “Llora de forma lastimera.- Esto lo hace también cuando ‘ve’ algo sobrenatural. Se dice que con este llorar lastimero muchas veces ‘anuncia’ que quizás un suceso infausto puede sobrevenir”[4].
’Ven’ cosas sobre naturales los perros y otros animales. Se dice que cuando esto le ocurre al perro es cuando ‘ve’ al no bueno, al no benigno que a veces llaman ‘aire’. Los perros y otros animales también ayudan a quitarse, a separar de sí el ‘aire’ cuando llega a uno, cuando se pega a uno.

Si una persona ‘ve’ algo sobrenatural, si en algún sitio ‘recoge’ el ‘aire’ y ella se ha percatado de ello es necesario que al llegar a su casa, en caso de que haya bebés y para que a estos no les ocurra nada porque pueden hasta morirse, es necesario (que la persona que ‘trae el aire’) toque a un perro u a otro animal para que en él deje, pegue lo no bueno, el ‘aire’”[5].

También otra creencia es que los perros pueden hacerle maldades una persona, cuando esta no les convida de lo que esta comiendo:

el perro le hace un ‘daño’ a una persona por ‘desquite’. Se dice que cuando alguien está comiendo y no le ‘regala’ nada al perro, no le da nada (de comer) y éste sólo se traga la saliva, en ese momento le brotan granos en la lengua a quien come. Esto ocurre porque al perro se le hace enojar y él le hace una ‘maldad’ a la lengua de esa persona. Cuando esto le ocurre a alguno, el remedio es como aquí se dice: Se pone en el comal una tortilla y cuando ya está muy caliente se coge, se voltea, se le quita la parte delgada y ya se ‘limpia’ la lengua con ese pedazo de tortilla y ya se va calmando, va cediendo la inflamación. No todos los perros hacen esto[6].  Por eso es bueno compartir parte de nuestro alimento con los canes.

El perro casi humano: Tanto hemos compartido con él que lo tratamos como si fuera  un semejante, con nuestras virtudes y defectos como lo deja ver un texto del maestro “Xochime”, José Concepción Flores Arce, que lleva por nombre “Chicoltzintli”. 

Cabe mencionar que el texto es bilingüe. La narración en español es la siguiente:

1. El señor don Chano y don Miguel eran vecinos, vivían uno frente al otro. Eran compadres. Todos los días por la mañana se saludaban respetuosamente.
2. En el camino, frente a sus casas se preparaban para ir al monte. Amarraban sus caballos en las cercas del camino.
3. Don Chano era dueño de un perro pinto llamado Chicolli, este animal aún era joven, cosquilloso y juguetón. ¡Bonito animal!
4. Cuando don Miguel se topaba con el perro travieso, le hablaba con cariño y respeto: - ¡Chicoltzintli! ¿Cómo amaneció usted? Y el perro como que hacía caravana, movía el rabo en actitud de respeto y le lamía las manos.
5. Don Miguel también era dueño de una perra ya adulta y gorda llamada Meca’tzin. Chicolli era célibe, no le interesaba seguir todavía a las hembras de su género y su mundo era el juego.
6. Pasó el tiempo… y un día Chicolli por la mañana estaba nervioso, chirriaba. Estaba ansioso por salir a la calle.
7. Don Chano, de por sí socarrón, saludó a su perro: ¿Cómo amaneció usted, mi respetable hijo? ¿Qué le acontece a usted? ¿Qué incitante cosa ha deseado? Y en seguida desató la amarra que sujetaba la puerta del patio y raudo salió Chicolli. Meca’tzin ya esperaba en la calle. Cuando salió don Chano, Chicolli ya había pecado, ya había cometido deshonra.
8. ¡Epa, epa! Chicolli malandrín, perro inmundo. ¿Qué desaguisado has cometido? ¿Acaso desconoces que Meca’tzin es nuestra venerable comadre?
9. Ahora que salga nuestro compadre ¿qué voy a decirle? ¡Perro vulgar y vil pecador! Si pensaste cometer este sucio acto ¿Porqué aquí en la calle estás dando este mal espectáculo? Hubieras pasado a la honorable Meca’tzin allá adentro en la cama. Así si ya te abatiste, recuéstate y descansa.
10. Repite tu gracia si así te place. Y Chicoltzin en posición comprometida, apenado, bajó la cabeza
[7].

La humanización que se hace del perro es notable, los hacemos compartir nuestros valores morales, así como las relaciones sociales que tenemos, nuestra manera de comportarnos ante algunas circunstancias, es decir, forma parte integrante de la familia y su cultura.

Que más decir de estos canidos y su simbiosis con el milpaltense, baste con una frase muy repetida cuando se habla de la época revolucionaria: En Milpa Alta hasta los perros eran zapatistas[8].

Julio de 2012.
*Integrante del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y
vecino del barrio de la Concepción.



[1] OCHOA CABRERA, José Antonio, et al. Nich mononuchelli no cultzi. Me lo contó mi abuelo. Tradición oral infantil de los nahuas de Santa Ana Tlacotenco y San Juan Tepenahuac, Milpa Alta, D.F. México, El Angelito, 1996, p. 27
[2] MEDINA VILLANUEVA, Juan Crisóstomo. El perro anciano. En la página electrónica: http://teuhtli.blogspot.mx/2012/04/el-perro-anciano.html . En el sitio también se puede encontrar la versión en náhuatl.
[3] HORCASITAS, Fernando y Sarah O. de Ford (recops.). Los Cuentos en Náhuatl de Doña Luz Jiménez. México, UNAM, 1979, p. 13

[4] SILVA GALEANA, Librado. In milla chichime innemiliz, in tlen itech innematiliz. Los perros. En Estudios de Cultura Náhuatl, 19: 431, IIH, UNAM, México, 1989
[5] Ibíd. p. 433
[6] Ibíd. p. 429
[7] FLORES ARCE, José Concepción. Memoria de Momoxco. Compilación de narraciones bilingües náhuatl-español. México, Ce-Acatl, 2009, pp. 253-256
[8] Idea contenida en la narración “Una historia milpaltense” del libro: LOZA JURADO; Juan Carlos (coord.) ¡Viva Milpa Alta! Relatos de la Revolución. México, GDF-SEDEREC-Atoltecayotl-Bi100, 2009, p. 26-27