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lunes, 2 de abril de 2012

EL “PASEO ESCULTÓRICO” O LA IDEALIZACIÓN DEL PASADO MILPALTENSE.



Por: Raymundo Flores Melo*

El 29 de enero de 2009 logramos conocer quien ocuparía el lugar dejado por Hueyitlahuilli,  saber que personaje estaría a la entrada de la comunidad de Milpa Alta. Después de trabajos lentos y un acelerado acabado, ese jueves quedó erigida una escultura de Emiliano Zapata, misma que forma parte de un conjunto escultórico estrenado el viernes seis de febrero por el jefe delegacional José Luis Cabrera Padilla.

El escultor, residente de Tecomitl, fue Salvador Jaramillo Ayala, en tanto que los hermanos Wilfrido y José de Jesús Jaramillo fueron los responsables de la fundición y armado. El estilo de la obra puede ser considerado dentro de lo que se ha denominado escuela mexicana de escultura1.

Después de la inauguración del “Paseo Escultórico” en el boulevard Nuevo León y la avenida José López Portillo, no queda más que recordar los tipos de historia que se han escrito a lo largo del tiempo, mirar la clasificación acuñada por Luis González y González, en especial la llamada historia de “bronce”2 que trata de enaltecer lo que se cree importante y utilizable, no para todos, sino para aquellos que detentan el poder, pese a que se altere la verdad histórica.

Iniciemos el recorrido observando la figura, de más de cuatro metros, que representa al general Emiliano Zapata Salazar, con fusil en la mano, cartuchera a la cintura y otra en el pecho, con la mirada dirigida rumbo a San Pablo, cubierto con una especie de cobija o sarape y un sombrero que difiere del tipo que comúnmente apreciamos en las fotografías.

Su presencia, en la glorieta que une las avenidas Jalisco y Nuevo León, trae a la memoria la ratificación del Plan de Ayala en Oztotepec (19 de junio de 1914), pero también, y quizá por eso la disposición espacial con respecto de la dedicada a doña Luz Jiménez, el episodio que ésta milpaltense cuenta sobre la llegada de Zapata a Milpa Alta, de cómo el calpuleque les habla en lengua náhuatl a los habitantes de Malacateticpac para invitarlos a sumarse a su movimiento pero también están presentes los rigores que trajo la lucha armada, la expulsión de las mujeres milpaltenses a la ciudad de México, la muerte de los varones en Chapitel, el recuerdo de un éxodo que marcó a varias generaciones y la ausencia, la falta de inclinación hacia uno de los bandos que confluían en la región.

El señor Zapata se puso al frente de sus hombres y así les habló a toda la gente de Milpa Alta: ‘¡Júntense conmigo! Yo me levanté; me levanté en armas y traigo a mis paisanos. Porque ya no queremos que nuestro padre Díaz nos cuide. Queremos un presidente mucho mejor. Levántense con nosotros porque no nos gusta lo que nos pagan los ricos. No nos basta para comer y vestirnos. También quiero que toda la gente tenga su terreno: así lo sembrará y cosechará maíz, frijolitos y otras semillas. ¿Qué dicen ustedes? ¿Se juntan con nosotros?
No hubo quien contestará y pasaron los días…3

Pasaron así varios meses y nuestro padre Porfirio Díaz y el secretario Justo Sierra no se preocupaban porque viniera la revolución. Sólo sentían cariño por todos los mexicanos. Donde había cuatro niños se les regalaba ropa. Y si era mujercita le daban su blusa y su falda; y si era niño le daban camisa y pantalón4.

En el texto de doña Luz se vislumbra una Milpa Alta como un pueblo masacrado, abandonado, víctima de los diferentes grupos militares. Sólo así se explica la lejanía de ambas figuras. Sin embargo, no fue esa la intensión del paseo sino la de enaltecer el pasado zapatista de la región, además de algunas de las tradiciones y las actividades económicas más importantes.

Luego  tenemos, a la altura del Foro Cultural Calmecac, sobre la avenida Sinaloa, una mujer de rostro sereno haciendo mole en posición no acorde con la forma en que las mujeres de San Pedro Atocpan elaboran ese producto, ni en la vestimenta ni en el calzado, los cuales están destemporalizados, queriendo hacer parecer a esta industria mucho más antigua de lo que realmente es.

Algo similar sucede con la tercera escultura que es una mujer pelando nopal con un canasto a su lado. Desde el punto de vista estético, ambas son piezas bien realizadas pero que poco o nada tienen que ver con la forma de vestir de los milpaltenses de la época que se pretende representar. Con ellas lo que se quiere es mitificar y a la vez falsear el desarrollo histórico de Milpa Alta.

El tlachiquero, figura emblemática del pasado pulquero de la región, respeta los elementos que estos personajes del campo llevaban para realizar su trabajo. El lugar en que fue colocado –en la avenida México- no parece ser el más idóneo, la pregunta que cabe hacerse es porqué no fue puesto en un cruce de camino de los pueblos que, de manera mayoritaria, se dedicaban a tal actividad. Interrogación que se hace extensiva cuando no vemos en San Pedro a la mujer que hace mole ni en el centro de acopio a la que pela nopales.

En la avenida Yucatán encontramos a un Zapata muerto, sobre el que una mujer llora su asesinato. Con el “Llanto de Josefa”, también se presenta la incógnita de porqué  la escultura no está en San Pablo Oztotepec por los motivos arriba referidos, además de que en ese poblado se encuentra el museo “Cuartel Zapatista”. Sólo queda agregar, para saber algo más de la figura en bronce, que Josefa Espejo Sánchez fue la esposa legítima de Emiliano Zapata, pertenecía a una familia de hacendados porfiristas, tuvo dos hijos – que murieron a temprana edad- con el caudillo suriano y fue conocida como “La Generala”. En la escultura se le presenta con trenzas, descalza y vestida como gente del pueblo.

La sexta escultura es la de una mujer llevando a una niña de la mano, localizada frente al D.I.F., antes INPI. Al verla nos hace recordar un cuadro y fotografías de doña Luz Jiménez y su pequeña hija realizadas, respectivamente por Jean Charlot (1930) y Tina Modotti (1926)5.

Al otro extremo del boulevard, en el centro de una fuente, ,la monumental escultura de Julia Jiménez González, doña Luz, la maestra y narradora en náhuatl, aquella mujer fotografiada y pintada por muchos artista de renombre, aquella milpaltense que también está en el Monumento a la Revolución y en los murales de la Secretaría de Educación Pública, aquella que fue usada por Diego Rivera como modelo. Mujer que legó a las nuevas generaciones cuentos y narraciones que dan testimonio de una parte de la vida e historia de Milpa Alta, de aquella región localizada –usando sus palabras- “entre los cerros del Cuauhtzin y del Teuhtli”6.

Siguiendo el camino, en la entrada del Hospital General Milpa Alta se encuentra la escultura de una mujer sedente amamantando a su hijo, leve recuerdo del uso anterior que se le daba a esa institución antes de convertirla en un nosocomio de primer nivel y pasarla del centro del pueblo a la periferia.

Más adelante, en la calle que lleva al centro de San Francisco Tecozpa, podemos ver al último señor de Malacachtepec, el mítico por inexistente Hueyitlahuilli, el que había sido relegado a un segundo término. Aquí el “gran jalador”, la “gran luminaria”, “el guía”, del que no hay referencia documental, es representado a la usanza de los grandes dignatarios mexicas, con sus atavíos y bastón de mando, este último muy parecido al que llevó José Luis Cabrera en uno de sus actos como jefe delegacional. En esta escultura tampoco se respeta la mención que de él se hace en el libro “Fundaciones de los Pueblos de Malacachtepec Momoxco7, donde se dice que es un venerable anciano próximo a la muerte.

Después de pasar San Antonio Tecomitl y encaminarnos rumbo a San Juan Ixtayopan, en la avenida José López Portillo tenemos, primeramente, al nahual, personaje principal en muchos de los cuentos en Milpa Alta, tan importante que uno de los barrios de la Asunción, hasta finales de la década de los cincuenta  fue conocido como Nanahualtin8, hoy San Mateo, la segunda sección que en el carnaval tiene como bandera un burro, figura y forma que tomaban en el imaginario popular las personas que eran nahuales. En el caso de la escultura, tenemos un nahual que adquiere rasgos felinos, pero lo más común era representarlos como perros negros que adquirían un gran tamaño a medida que se acercaban a las personas.

Para un niño de Milpa Alta “El nahual es un personaje muy destacado… hay muchas personas que atestiguan haberlo visto. Nadie sabe de él, sólo dicen que se convierte en burro, perro, gato y hasta en caballo; dicen que se convierte en peñazcos y luego en bolsas de dinero, para atraer a la gente9.
Más adelante está una escultura que representa la dualidad vida-muerte, una especie de madre tierra, Cihuacoatl, principio y fin, continuidad eterna en la ideología nahua. El lugar más propicio para colocarla sería el camino que lleva a Mixquic por la celebración de “día de muertos” que allí se realiza. Es digno de mención que la escultura guarda cierto parecido con una del artista Fidencio Castillo donde se realzan algunos de los rasgos de doña Luz Jiménez10.

La tercera figura representa al sembrador, al milpero. En ella se quiere recordar el pasado agrícola de Milpa Alta. Este joven hombre sostiene en sus manos una mata de maíz y una coa o bastón plantador, pero su vestimenta no recuerda a los campesinos milpaltenses, más bien parece un obrero dedicado a la industria con el torso desnudo.

Al final o al inicio, como quiera verse el asunto, esta una mujer joven con un fardo de flores, que a decir del escultor es “la doncella del amaranto” pero más parece una vendedora de flores varias. Si la escultura de manera verdadera se dedicó al amaranto su localización es correcta, pues es a esa altura, rumbo al Teuhtli, donde empieza los sembradíos de dicha planta que ha servido para que los habitantes de Santiago Tulyehualco preparen el dulce tradicional conocido como “alegría”.

En total son trece los bronces erigidos en este “Paseo Escultórico” con un costo aproximado de siete millones de pesos, de los cuales tres fueron para el diseño y materiales, el resto para el acondicionamiento de los espacios donde se colocaron las piezas11.

Encuentros y desencuentros, reconocimiento de nuestro pasado y choque con lo que pretende ser una invención, la idealización de un pasado que no existió. Así ha sido la historia del hombre y la que se hace en nuestra matria no puede ser la excepción, sólo nos queda señalarlo para que conste que nos dimos cuenta y que estamos atentos.

*Integrante del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y vecino del barrio de la Concepción.

1 Véase GONZÁLEZ, Héctor. “Paseo Escultórico en Milpa Alta” en la revista Vértigodel 30 de noviembre de 2008.
2 GONZÁLEZ Y GONZÁLEZ, Luis. El Oficio de historiar. México, COLMICH, 1988, pp. 224-225
3 HORCASITAS, Fernando. De Porfirio Díaz a Zapata. Memoria náhuatl de Milpa Alta, México, UNAM, 1989, p.58
4 Ibíd. p. 59
5 La pintura y las fotografías pueden verse en: Varios. Luz Jiménez, símbolo de un pueblo milenario 1897-1965. México, CONACULTA, 2000, 154 pp.
6 HORCASITAS, Fernando. op. cit. p. 4
7 GODOY RAMÍREZ, A. Fundaciones de los pueblos de Malacachtepec Momoxco. México, Editor Vargas Rea, 1953, 31 pp.
8 ZANTWIJK, Rudolf van. Los indígenas de Milpa Alta, herederos de los Aztecas. Amsterdam, Instituto Real de los Trópicos, 1960 , pp. 57 y 60
9 Véase: OCHOA CABRERA, José Antonio, et al. Nich mononuchelli no cultzi. Me lo contó mi abuelo. Tradición oral infantil de los nahuas de Santa Ana Tlacotenco y San Juan Tepenahuac, Milpa Alta, D.F. México, 1996, El Angelito, pp. 23, 25, 27, 30, 31 y 48
10 Varios. Luz Jiménez, símbolo de un pueblo milenario 1897-1965. op. cit., p. 86
11 GONZÁLEZ, Héctor. “Paseo Escultórico en Milpa Alta” en la revista Vértigodel 30 de noviembre de 2008, p. 71